El hombre del “dirty dancing”

Andaba caminando y decidí sentarme en una cafetería nueva que era el último cotilleo de toda Valencia a tomar un capuchino con mucha espuma, a ver si mis neuronas se despertaban y seguidamente lo hacía el resto de mi cuerpo. No tanto por sus cafés sino por él, el que la gente había ya bautizado como el “hombre del “Dirty Dancing”.
¡A penas me senté en la cafetería le vi, era tal como ya me habían avisado y los efectos que producía eran los prescritos por otras mujeres! Y algo por dentro pasó. ¡Ese chico tenía el poder de volver “Cracy” a cualquier mujer con solo una sonrisa o mirada y lo sabía: él y todas nosotras! Cuando le veía cualquier mujer, era imposible resistirse por mucho que ella pensara “conmigo se equivoca a mi no me pasara” se equivocaba. Al principio solo sentías un ligero rubor infundado, luego cada parte de tu ser y de tu corazón se encendían de una rojo lujurioso hasta que todo tu cuerpo ardía. Dicen que el cuerpo humano está compuesto en un 90% de agua pero conforme su voz te susurraba palabras del menú del día, palabras que la mente de la mujer que se encontraba cerca de él no podía llegar a entender por falta de no poder concentrarse ya que poco a poco sentían como su cuerpo empezaba a perder gotas de agua que se evaporaban suavemente y deslizabas por todo su cuerpo. Poco a poco ese 90% de agua iba disminuyendo a niveles a veces peligrosos. Sí únicamente ibas a consumir “le petit déjeuné” el peligro era menor ya que tus niveles de hidratación podían mantenerse en un “Constante aunque aún no está fuera de peligro” como dicen los médicos. Lo realmente peligroso era tener que comer o cenar. Cada mujer que se le cruzaba sabía que estaba pérdida, solo se podía tener ojos para él.
¡Dicen que uno no decide, que dios lo hace mejor! Al verle a él como se movía entre las mesas de la cafetería no podía estar más de acuerdo. Esta vez Dios había decidido por mí más que bien. No se había equivocado como cuando hizo a Adán y Eva. Sobre todo a Adán seamos serías, el fallo era él por mucho que ningún hombre de la historia lo haya admitido nunca ni recogido en ningún libro de historia.
Mientras me intentaba tomar mi espumoso capuchino mi mente solo quería sus besos, quería sus encantos, quería todo el olor a miel que desprendía al caminar. El problema era que te dejaba muda, sin poder articular palabra y así era difícil intentar nada. Pero el olor a miel que desprendía y se metía en la parte más libidinosa del celebro de cualquier mujer no eran los únicos efectos por los cuales había llegado a tener tanta fama en toda la Playa de la puebla de Farnals y hasta parte de Valencia centro llegaban ya los comentarios.
¿Cuando él habría sus suaves y finos labios para preguntarle a una mujer que deseaba? (y la hipnotizaba lentamente con su voz) enseguida te sucedía un hecho extraño, al igual que “Bridges Jones” que se pasaba la vida escuchando en su cabeza la canción de ¿Will you still love me tomorrow?
, a la mujer que se cruzaba con él y oía su voz salir de sus pecaminosos labios, empezaba a sonar en su cabeza “La Canción”, sí señoras y la canción no era otra que la de Enrique Iglesias: increíble verdad: “El Dirty Dancing”. La canción sonaba permanentemente mientras estabas bajo su influjo y dentro de la cafetería. Lo peor no era la canción sino los daños colaterales que causaba a toda mujer, era como los primeros síntomas de la menopausia: sudores ardientes, calor y fuego en el cuerpo y el deseo de poseerle irresistiblemente y sin control alguno.
Un café al lado de él te alegraba el día pero imaginaros amigas toda una comida o cena al lado de vuestra pareja o en una primera cita. Desastroso corrías el riesgo de terminar como Meg Ryan en “cuando Harry encontró a Sally” en la escena del orgasmo.
Así que decidí ir a “La Cafetería” solo en caso de bajón anímico y bajo prescripción de mis mejores amigas.

As the sun says goodnight in the distance a thousand lights fill the skylike they knewhoy i missed you, but each one is lighting muy way to you.Je t´.

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